Columna: La vida recién comienza «Checho», solo basta una ardiente paciencia

Por: Manuel Burgos

¡Qué difícil ha sido la existencia para Sergio Rodríguez Matamala de 59 años, más conocido como el popular “Checho”, entre sus habitúes y amigos, en especial, su familia, con quienes reside en la calle Camilo Henríquez, a dos cuadras del Complejo Educacional Victoria, donde tiene su casa habitación.

Su hogar lo comparten 5 hijos adultos y dos nietos, quienes narran que el jefe de hogar padecía de una “trolilitis crónica», una infección larvada, por lo cual se le amputó su pierna derecha, y debiera recibir una prótesis, el próximo año, viajando en los primeros meses a Concepción. 

Mientras, para desplazarse, se ayuda de su inseparable y conocido “burrito”, con la lentitud que puede intuirse, pero que, con los años de uso, la cotidianeidad se le hace menos dificultosa.  

Más, no así, para quienes, con su apresuramiento y arriba de un volante, no trepidan en tocarle la bocina de sus móviles para que “acelere” el paso.

Es lo que le ocurrió el martes 10 de noviembre pasado, al mediodía, a “Checho”, como lo llaman quienes ya lo conocen, por los servicios que prestaba hace años en diversos domicilios. El hecho de marras, aconteció en la esquina de Avenida Confederación Suiza con Lagos, oportunidad en que Rodríguez avanzaba como podía para llegar a la Plaza “Presidente Balmaceda”, mientras un numeroso público, atraído por el estridente claxon, observaba la lamentable escena, y lo complicado de nuestro personaje para acercarse con la mayor prontitud posible a la otra orilla.

Nervioso y sudoroso, recibió la adhesión de los presentes, entre ellos, representantes de medios informativos, que regresaban de un acto en el principal paseo público de la ciudad y habían observado la lamentable escena de ocurrencia en nuestra, otrora llamada “Victoria, La Culta».   

Con su habitual modestia, quienes lo conocen por los trabajos particulares que lleva a cabo para el diario sustento en diversos domicilios –pues sólo recibe una pensión de 130 mil pesos– explicaba tras el incidente, que ya se hallaba acostumbrado a este tipo de reacciones y que ha optado por no hacer caso de los bocinazos, aunque nunca le ha gustado causar problemas, lamentando la poca paciencia y comprensión de sus conciudadanos y que espera -por lo mismo- con ansias su anhelado aparato ortopédico.

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