Víctima de ataque en Las Cardas relata el momento en que fue emboscado por desconocidos

Por: Manuel Burgos

Salvar con vida ante una emboscada en la oscuridad que se le tiende, agredido a balazos por desconocidos, con múltiples impactos en el  camión de su propiedad, es la odisea que narra su propietario, herido en la reyerta, junto a dos auxiliares del vehículo de carga que le acompañaban, hecho que no cuenta dos veces el afectado, que omite su nombre y que enfrentaron con valentía.  

La ya recurrente situación que sucede en las vías de La Araucanía, ocurrió el jueves 14 de mayo a las 19:45 horas, en la Ruta CH-181, que une Victoria con Curacautín, en el cruce con el camino que conecta con la Comunidad de Las Cardas, mientras uno de los jóvenes se comunicaba con Carabineros, para dar cuenta de la emboscaba que les habían tendido los atacantes, que disparaban desde la oscuridad, que derribaron un árbol para detener la máquina de carga, en medio de fuego graneado, obligando al conductor, herido por un proyectil en el cuello y posterior constatación, registrar gran cantidad de impactos, en el parabrisas, motor y cabina del móvil.  

“Salvamos la vida solo gracias a Dios. Para mí, eso fue una ayuda divina porque, retroceder con el camión cerca de un kilómetro, en la noche, mientras los compadres, dar y dar balas (sic); si el puro parabrisas tenía 27 balazos, el radiador otras tantas, 15 o 16, por ahí, más las que se ven la mascarilla, el capó, el parachoques y el balazo que recibí en el cuello, que todavía lo tengo ahí, a pesar de haber sanado de la herida” , constata el ciudadano, residente en Temuco.  

¿Y los jóvenes que andaban con usted, no fueron heridos? 

«No, ellos se salvaron de milagro también, porque andaban con unas mochilas, y uno de ellos llevaba un ganso que le pidió la familia, lo traía pelado, y dentro del ganso, creo que tenía como dos o tres balas, y el otro, traía comestibles y entre éstos, un tarro con harina tostada para comer, una fruta, estaba todo perforado». 

Las víctimas del ataque regresaban de Pehuenco, con la pesada carga de leña y el atentado se produjo cuando se dirigían a la capital regional. Tras el ataque, el camión debió ser dejado en la bajada del puente Quino, gracias a la astucia, experiencia y “años de circo” del propietario del pesado vehículo, tras los daños sufridos, que hacían difícil una conducción normal.

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