«Residencia Santa Isidora» es el próximo lanzamiento del escritor victoriense Jaime Marín Marchan

Por: Manuel Burgos

Como interesante, instructivo y que vale la pena leerlo, así calificó la aparición de su reciente libro “Residencia Santa Isidora”, el escritor local, Carlos Jaime Marín Marchan, cuya venta ya sobrepasa el medio centenar y su lanzamiento se ha debido aplazar por contingencias derivadas de la actual situación que vive el país.   

 Marín Marchan (77, “Mi Amigo Mario Andrés y su Puta Vida”, 2008; “Siguiendo el Sendero de un Niño de Campo”, 2015), narra en el Prólogo de su última obra citada, y acicateado por su amigo, Pedro Oliva Cofré, quien le hacía saber vía telefónica, en Julio de 2013, de Victoria a Valdivia, pernoctando allí por un diagnóstico de cáncer a la próstata, de los favorables comentarios del miembro de la Academia Chilena de la Lengua, Carlos René Ibacache, en Las Noticias de Malleco, de uno de sus libros y que lo situaba “en líneas paralelas a distinguidos escritores y premios nacionales”, estimando el amigo que debía escribir de  lo que le acontecía, lo que le inyectó la energía necesaria para acometer la literaria iniciativa.    

En el génesis de la obra en comento, de 172 páginas, establece su autor que «impulsado por tanto apoyo, decidí compartir lo que estoy viviendo. Lo que pienso y hago en estos momentos. Deseo escribir para que sirva a otros o, al menos, para que otros compartan mi experiencia, a la que llegue, de una u otra forma, a cualquiera que pueda verse afectado”.   

Con su particular estilo descriptivo, nuestro personaje va adentrando al lector en  las situaciones que lo llevan a la “Capital de la Región de los Ríos”, y que tras los exámenes de rigor, para pernoctar allí debido al tratamiento que a nadie deja tranquilo, recibe estadía en una casona, la “Residencia Santa Isidora” perteneciente a la Fundación Oncológica de Valdivia, “residencia que da alojamiento a las personas enfermas de cáncer, y que se atienden en el Hospital Base de esa ciudad, atendidos como en su casa para el preocupante tratamiento, de la irradiación y quimioterapia”, expone Marín.    

“FUE MI CASA”

Añade en su relato que la Fundación cuenta con otras dos residencias “Las Palmeras” y “Los Alerces”, y en la citada en líneas precedentes, apunta en su texto “que fue mi casa, en la que  deseo centralizarme para entregar a ustedes, a través  de este relato, la excepcional experiencia vivida por dos meses como huésped”. 

En sus páginas detalla cómo va creciendo la familia, cómo se van ordenando los debates, dónde se constituyó, «sin proponérmelo, encontrarme en un rol de relacionador del grupo, siendo una de sus primeras medidas acordadas, prohibir ciertos temas delicados y no hablar de males, religión, política, lo que fue aceptado sin objeciones”.   

El tomar nota de los día a día de todo lo que allí acontecía, son parte del formato de un paréntesis, diríamos enriquecedor, de la vida del escritor, situación de la que ningún lector puede estar ajeno, por aquellos imponderables que suelen afectar a las personas, y que en el caso de escritores, periodistas y comunicadores, sirven de inédita fuente de inspiración para “dar a luz” escritos que deleitan a quien gustan del hecho de disfrutar de sus líneas, marcar la diferencia, basada en la pedagogía de los mismos cuando se vean enfrentados a similares situaciones.  

RECONOCIDO

Ya al término de la nota periodística, Carlos Jaime (“nadie me conoce por mi primer nombre”) hace notar su agradecimiento a María Carolina Servantí, con importante rol en la diagramación del texto; a Ramón Dufey e Imprenta Delta, en la impresión de los ejemplares; a su amigo Sergio Oliva, por sus constantes incentivos;  y a sus hijos Leslie y Jaime Eduardo, en la corrección de los escritos.

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