Especialistas destacan la importancia de la rehabilitación interdisciplinaria en pacientes con accidentes cerebrovasculares

El pasado 22 de julio se conmemoró el Día Mundial del cerebro, y en este contexto, las carreras de Kinesiología y Fonoaudiología de la Pontificia Universidad Católica relevan las oportunidades que ofrece la rehabilitación interdisciplinaria tras un accidente cerebro vascular. Según la OMS, cada año 15 millones de personas sufren un accidente cerebral, de las cuales 5 millones fallecen y 5 millones quedan permanentemente discapacitados.

Un accidente cerebro vascular (ACV) es una emergencia médica, que ocurre cuando se interrumpe el suministro de sangre al cerebro o cuando existe un sangrado en el cerebro. En Chile, constituye la principal causa de muerte y se estima que anualmente ocurren 24.964 casos nuevos. Además, es la segunda causa de mortalidad prematura en Chile, en personas entre 30 y 69 años, y es la primera causa específica de años de vida saludables perdidos por discapacidad y muerte prematura en mayores de 74 años.

Tanto académicos como especialistas en el área de la salud, promueven un abordaje mediante equipos interdisciplinarios que incluyen neurólogo, kinesiólogo, terapeuta ocupacional, psicólogo y fonoaudiólogo, con el inicio del abordaje desde las primeras horas tras el ingreso a la unidad neurológica, UTAC; UCI o UPC. Un accidente cerebro vascular, dependiendo del tamaño y zona de la lesión neurológica y la demora en la atención, puede comprometer diversas funcionalidades del organismo como hablar, caminar, comer, entre otras.

El Kinesiólogo Jorge Miranda, docente de la Carrera de Kinesiología de la Pontificia Universidad Católica, explica que el paciente recién hospitalizado tras un accidente cerebrovascular, una vez estabilizado, desde el punto de vista hemodinámico y sistémico, es evaluado por el equipo de salud, entre ellos, un kinesiólogo especializado quien tendrá una participación muy relevante en la rehabilitación sensoriomotriz y de la función respiratoria en estas etapas tempranas.

“Entre las alteraciones que destacan, las más comunes y probablemente más influyentes en el desempeño funcional son aquellas que se asocian a las funciones perceptivo-sensoriales. Es muy común observar algunas alteraciones en el tacto, en la comprensión del esquema corporal, así como algunas alteraciones motoras por cierta interferencia en la capacidad del cerebro para planificar, organizar y ejecutar el movimiento. Asimismo, también son relevantes las alteraciones en la esfera cognitiva-conductual, dado que muchos pacientes tras un accidente cerebrovascular presentan cambios en su personalidad, mostrándose infantilizados, agresivos, desinhibidos, apáticos o de otras formas disfuncionales en términos de su participación social. Los kinesiólogos identifican el origen de este tipo de problemas que influyen directamente en el control postural y del movimiento”, asegura Miranda.

En cuanto a los resultados del tratamiento kinesiológico en ACV, en general son bastante buenos en la medida que el paciente se involucre con su rehabilitación, adhiera y curse con una terapia consistente y continua. Es muy importante que la intervención sea precoz y oportuna, ya que esto favorece la disminución de instauración de secuelas sistémicas. “Claramente existen otros determinantes en el éxito de los resultados con los pacientes, como son algunos factores genéticos que determinan la capacidad individual de plasticidad, el tamaño de la lesión y su ubicación, factores contextuales de cada individuo; lo que incide en la recuperación del movimiento normal”.

Por su parte, la Fonoaudióloga Yolanda Castro, docente de la Carrera de Fonoaudiología de la Pontificia Universidad Católica, explica que la atención fonoaudiológica forma parte de la canasta de prestaciones AUGE/GES en accidentes cerebro vasculares y la evaluación por un especialista debe realizarse dentro de las primeras 48 horas tras el ingreso hospitalario. “En el paciente agudo que está recién ingresado se prioriza el manejo de los trastornos de la deglución (capacidad para tragar) y ya más avanzado, en paciente subagudo o crónico, se intervienen además trastornos del lenguaje, del habla y cognitivos como secuela del accidente. Gran parte de ellos tiene altas oportunidades de recuperación, principalmente en aspectos de deglución en el corto plazo. En lo comunicativo, el trastorno y su evolución dependerán de la extensión de la lesión, del pronóstico neurológico, de la reserva cognitiva previa y de la posibilidad de contar con terapia en el mediano y largo plazo. La evidencia reportada indica que en el periodo agudo, entre un 64% y 90% de los pacientes puede sufrir un trastorno de la deglución”, precisó Castro.

La fonoaudióloga añade que durante mucho tiempo se aplicó un enfoque biomédico muy individualizado según la especialidad clínica, pero eso ya está en el pasado y se va consolidando paulatinamente la rehabilitación basada en la comunidad, en que se potencia mediante este enfoque, todas las redes en que pueda desempeñarse el paciente. “Solo mediante un trabajo biopsicosocial e integral se logran resultados, con apoyo de neurólogo, kinesiólogo, psicólogo, asistente social, terapeuta ocupacional y fonoaudiólogo, mientras que la familia o el cuidador cumple un rol determinante en este tipo de paciente. Debemos potenciarlos como co-terapeutas durante el proceso de intervención y como agentes de bienestar psicológico, porque este tipo de casos causa un duelo personal, y los profesionales de la salud pueden entregarles muchas herramientas, que solo cobran sentido con una buena red de apoyo en torno al paciente”, asegura.

Según la base de datos de egresos hospitalarios del Ministerio de Salud, la tasa de hospitalización por ACV fue de 140 por 100.000 habitantes en 2008, siendo mayor en hombres que en mujeres. Los principales factores de riesgo son similares a los de infarto agudo al miocardio, siendo los factores modificables más importantes la hipertensión arterial y el tabaquismo. 

¿CÓMO PREVENIR UN ACCIDENTE CEREBRO VASCULAR?
·         Consumir menos sal.
·         Bajar la presión arterial y tenerla controlada y bajo tratamiento cuando corresponda.
·         Tratar y controlar toda enfermedad cardíaca: arritmias, enfermedad de válvulas o de las arterias coronarias.
·         No fumar.
·         Moderar el consumo de alcohol.
·         Practicar actividad física regularmente (1 hora, 3 veces por semana).
·         Bajar la glicemia (azúcar en la sangre), en particular si hay antecedentes familiares de diabetes.
·         Bajar el colesterol.
·         Evitar el exceso de peso (no usar medicamentos para bajar de peso, ni drogas estimulantes).

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