Un multitudinario adiós brindó la comunidad al fallecido Diácono Juan de Dios Garay

Tanto en la Misa de Difuntos como al paso del Cortejo hubo muestras de apoyo y reconocimiento a labor  del religioso.

Por: Manuel Burgos

Una despedida pocas veces vista en la Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús de esta ciudad, fue la que brindó la comunidad a uno de sus diáconos más jóvenes de la Diócesis San José de Temuco, que agrupa a las provincias de Malleco y Cautín, y que concitó la presencia de gran cantidad de vecinos de la ciudad y la Región  

Tres Eucaristías se celebraron tras el deceso de Juan De Dios Garay Aravena (61), y que dejó de existir el pasado domingo de madrugada: ese mismo día a las 11:30 horas, oficiada por su párroco, Presbítero René Riqueme; una segunda el lunes 1 de julio, a las 20 horas, celebrada por el Obispo diocesano, monseñor Héctor Vargas Bastidas, y la Santa Misa de Funeral, el martes 2 a las 12 horas, esta última presidida por Vicario General de la Diócesis, Juan Andrés Basly Erices, acompañado del Cura Párroco local, René Riquelme Fuentes; del Vicario de Pastoral, Ariel Valdés Opazo; del Párroco de la  Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús de Lautaro, Presbítero Jorge Vidal Bustos; por el Párroco de la Parroquia San Judas Tadeo de Ercilla, Presbítero, Ricardo González Reyes; y el titular de la Parroquia Santo Tomás de Villanueva de Temuco, Presbítero Luis Barrientos Riquelme, junto ellos, la presencia de 20 diáconos, de la localidad, como del resto de la región. 

La misa de despedida, la encabezada la familia de Garay Aravena, integrada por su viuda, Elvira Valderrama y sus hijos, David y Luli; su hermano, un cuñado y también asistían a exteriorizar el emotivo adiós, integrantes del “Encuentro de Padres en el Espíritu” (EPE), del “Encuentro de Mujeres en el Espíritu” (EME); Del Cursillo de Cristiandad, Socias del Sagrado Corazón y una concurrencia que rebalsó totalmente las instalaciones del recinto parroquial, por lo que hubo que instalar altavoces en el exterior para quienes seguían la ceremonia, junto con el consiguiente atochamiento de móviles en las vías circundantes.   

DEDICACIÓN

El padre Riquelme recordó que el extinto, inicialmente, quiso ser sacerdote pero que más tarde compatibilizó con su matrimonio, cuyos integrantes fueron testigos de la dedicación por entero al Señor, misión desarrollada con la sencillez y disposición que le valió ser muy estimado por la comunidad, conceptos en los que también abundaron los religiosos celebrantes, el director del Colegio Santa Cruz de Victoria, Eduardo Basly Erices; y  la integrante del Cursillo de Cristiandad, Patricia Queulo.  

Con la animación del profesor, Manuel Cáceres Setién, las lecturas del día fueron proclamadas por las docentes, Gladys León, la primera de ellas, tomada de la Segunda Carta de San Pablo a los Corintios; el Salmo “El Señor es Mi Pastor nada Me Falta”, por Soledad Gajardo y el Santo Evangelio por el Diácono, Luis Espinoza Noriega.   

EL ADIÓS DEL SANTA CRUZ

Camino a la Necrópolis, el cortejo, que se trasladaba por Calle Miraflores se detuvo en el edificio del Colegio Santa Cruz, donde su comunidad, encabezados por su director Eduardo Basly y comunidad del plantel, dieron un último adiós a quien por varios años prestó asistencia religiosa a la unidad educativa católica.

En el Cementerio, usaron de la palabra, su cuñado, Héctor Aedo y el integrante de la Comunidad de la Capilla “San José Obrero”, Raúl Becker, para concluir con el Responso final, a cargo del Padre Riquelme Fuentes, en cuyo epílogo, tras persistente llovizna, hacerse presente lo rayos de un radiante sol, simbólica adhesión a la congoja de la comunidad presente.

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