Columna de opinión: Responsabilidad social docente y formación ciudadana

La importancia de la función de los docentes en las escuelas en orden a inspirar el espíritu crítico, reflexivo y ciudadano de sus estudiantes. La educación no cambia al mundo: cambia a las personas que van a cambiar el mundo (Paulo Freire).

Jorge Villenas Molina, Coordinador Académico Programa Formación Ciudadana, Departamento de Educación – Universidad de La Frontera.

El 16 de octubre celebramos en nuestro país el día del profesor y la profesora, fecha que corresponde a la fundación del Colegio de Profesores (1974), y que antiguamente se realizaba el 11 de septiembre, donde se conmemoraba el fallecimiento del insigne pedagogo argentino Domingo Faustino Sarmiento, fundador de la primera Escuela Normal de Preceptores de Chile. Además, durante este año se recuerda el 50° de la Pedagogía del Oprimido, célebre obra escrita por otro educador latinoamericano sobresaliente, Paulo Freire, quién promovía una visión humanista de la educación donde el profesor cumple una responsabilidad social fundamental en nuestra sociedad.

En esta línea, el profesorado tiene la misión de guiar a los jóvenes estudiantes, en tanto individuos sujetos de su propia historia, capaces de transformar la realidad, a partir de la integración con otros individuos, con quienes forma parte de un mismo territorio, en un ejercicio comunitario que despierta la conciencia personal-colectiva, conectando su existencia e identidad en relación con los “otros”, el cercano y el lejano.

Es este proceso dialógico que genera producción y re-creación del conocimiento individual-colectivo desde una problematización y visión crítica del contexto social-político-económico al interior de una realidad territorial compartida por estos sujetos. De esta experiencia simultánea emerge la educación verdadera, aquella centrada en la reflexión y acción de los hombres y mujeres sobre el mundo para transformarlo.

En el marco de esta celebración, es que UNESCO sostiene la necesidad de dar cumplimiento al derecho a la educación en el marco de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que implica el derecho de tener docentes calificados, actores clave para cumplir los objetivos de Desarrollo Sostenible en Educación para lograr la consecución de la Agenda 2030.

Así pues, se hace necesario que las universidades orienten su proyecto formativo de educadores en concomitancia con los perfiles de egreso señalados por la actual carrera docente, pero también, deben situar este proceso en el desarrollo de competencias ciudadanas necesarias para la responsabilidad social a fin de lograr aprendizajes en sus estudiantes que logren la transformación de la sociedad y su contexto territorial.

De esta manera, dejaremos atrás el modelo tradicional de enseñanza correspondiente a una práctica bancaria del proceso educativo, como lo plantea Paulo Freire, donde los estudiantes son considerados un recipiente que recibe pasivamente cierto tipo de información que ha sido digerida por otros, marginando la posibilidad de la reflexión, la discusión y la transformación de su entorno inmediato. Esta práctica educativa, contraria a una ciudadanía de participación activa que revaloriza la importancia que significan la sala de clases y la escuela, como espacios de con-vivencia del individuo-colectivo, realizada mediante la discusión de diferentes temas de interés público, es lo que ciertamente los jóvenes están a la espera de realizar a partir de los diferentes enfoques que representan las asignaturas del currículum.

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