Columna de opinión: Fabricantes de sus propios sueños

Por: Francisco Meliñir

Es un cacho. No vende. No es entretenido. Para qué gastar plata en ellas. Quizá esto no lo escuchamos en ninguna conferencia de prensa, pero sí, y porque los hechos lo demuestran, deben ser algunos de los argumentos que se utilizan para dejar el fútbol femenino de lado, botado, abandonado, casi a su suerte.

La liga femenina del fútbol nacional se lleva a cabo en nuestro país en un escenario menor, pasa casi inadvertida y salvo algunos medios pequeños de la capital y de algunas regiones que la cubren, el resto se desarrolla desde el anonimato, solo con el apoyo de las familias de las jugadoras y, al parecer, con lo que sobra del club al cual cada fin de semana representan.

Hace algunos años me tocó relatar a la categoría femenina sub-17 y adulta de Deportes Temuco en “Ebrios de Fútbol”, un medio de La Araucanía que se la jugó por el fútbol femenino local y lo visibilizó por redes sociales y con las transmisiones online. Casi un año estuve ahí y viajábamos cada fin de semana a donde el fixture lo indicaba.

Lejos de las comodidades que se viven en el fútbol masculino, las jugadoras -aguerridas todas-, se esforzaban por demostrar en 90 minutos su pasión por el fútbol. Al momento que se daba el pitazo inicial, se olvidaban de las 6 horas de viaje en un bus que no daba ni para semi cama, desayunando o almorzando mientras viajaban. Se olvidaban de que en la semana estudiaban, trabajaban y entrenaban para enfrentar de la mejor manera ese partido. Se olvidan también que al llegar al estadio debieron cambiarse de ropa en un camarín que con suerte tenía una puerta. Se olvidaban que no estaban en el Nacional o en el Monumental, aunque el estado de la cancha tarde o temprano se los recordaba. Se olvidaban que las tribunas estaban vacías porque seguramente nadie más que sus familias y amigos sabían que ellas estaban jugando un partido de fútbol “profesional”.

Por este sacrificio, casi invisible y por seguir su pasión y a la razón, es que el triunfo que ha logrado la selección femenina con su clasificación al mundial de Francia y al repechaje de los Juegos Olímpicos, es un paso gigantesco para que por fin el ente rector del fútbol nacional, los grandes medios y por qué no, las empresas privadas, se tomen en serio de una vez por todas al fútbol femenino. Necesitamos que estas jugadoras, las que seguirán en el anonimato y las que vendrán, tengan una realidad distinta, acorde a lo que se ve en la cancha, en sus rostros cuando el partido terminó o recibieron las medallas. Necesitamos la acción y no la reacción. Necesitamos que el carro vaya lleno desde el inicio y no cuando la meta se ve a la vuelta de la esquina.

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