Columna de opinión: El debut democrático de las FARC

En Colombia el pasado mes de marzo hizo su debut democrático en las elecciones legislativas “La Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común”, partido que surge de los acuerdos de paz alcanzados por el Gobierno Colombiano con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). La elección deja mucho para reflexionar y claramente no puedo pretender abarcar todo en unas cuantas líneas, pero acá les dejo algunas de esas reflexiones.

Por: Eduardo Cretton Rebolledo, Estudiante de Derecho en la Pontificia Universidad Católica de Chile

En primer lugar sorprende el resultado de las FARC, obteniendo apenas 52.000 votos para el Senado y 32.000 para la cámara de representantes, correspondientes a un 0,34% y a un 0,22% del total de los votos. Sin embargo por el vigente acuerdo de paz las FARC tendrán 5 escaños en el Senado y otros 5 en la Cámara. Este hecho ha desatado la polémica entra varios sectores, por una parte los que consideran que no es aceptable que la democracia se arrodille de esa forma frente a terroristas, y por otra, los que consideran que estas elecciones son las primeras en más de medio siglo en las cuales los colombianos pueden ir a votar en paz, y que esos 10 representantes, son el precio que se debe pagar por la misma. Los que defienden la primera postura con justa razón señalan que en una democracia todos deben tener igualdad de condiciones a la hora de competir, no siendo aceptable, que se le otorgue ventajas a un grupo por sobre el resto. Los defensores de la segunda postura si bien comparten la visión de democracia del primer grupo, entienden que el conflicto con las FARC no encontraría nunca su solución mediante las armas, y que para asegurar la paz, era necesario encontrar una salida política al conflicto. Este segundo grupo entendía que de nada servía defender a rajatabla los principios democráticos si con ello no se aseguraba la paz, por lo que estaban dispuestos a negociar con tal de que se les asegurara que ni un colombiano más iba a tener que vivir con inseguridad o seguir siendo victima del terrorismo.

Estas elecciones son interesantes de analizar y comparar con lo que ocurre actualmente en la región, porque si bien, al terrorismo existente en la región hay que combatirlo con todos los medios que proporciona el Estado de Derecho, también es cierto que el conflicto Mapuche es un conflicto de carácter político, y que para solucionarlo hay que encontrar soluciones políticas.

Uno de los problemas del conflicto tiene que ver con la representatividad del pueblo Mapuche, porque hoy sin ninguna legitimidad grupos violentos y terroristas como la CAM, se arrogan la representatividad de un pueblo entero, que tiene distintas sensibilidades y que en su mayoría no comparte los métodos violentos de estos grupos. Lo cierto es que lo mismo ocurría con las FARC en Colombia, quienes decían representar al pueblo o al menos una gran porción del el, pero que el pasado mes en su debut democrático demostró lo contrario.

Cuando es la gente la que mediante su voto elige a sus representantes legítimos, las opciones violentas como la FARC quedan sin apoyo y al desnudo como lo que verdaderamente son: un grupo minoritario que busca imponer sus ideas mediante el terrorismo y la violencia. Para quitarle el piso de esta supuesta representatividad a los grupos violentos hay que invitarlos a competir. ¿Qué pasaría si son los Mapuches quienes elijan a sus representantes legítimos? Tal vez deberíamos invitar a la CAM y los grupos violentos a competir y someterse a la aprobación de su pueblo, estoy seguro que el resultado seria similar al de las FARC.

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