Cuando cumplía 103 años falleció antiguo vecino Reynaldo Seguel Figueroa

Vinculado a familias victorienses, Seguel Candia y Greenhill Seguel.

Por: Manuel Burgos, Periodista

Reynaldo Seguel Figueroa,  era el menor de trece hermanos, nacidos en Lonquimay pero cuya familia se trasladó a Victoria en 1940, entre ellos Dina, Luisa, Heriberto, Modesto, Juana. Algunos de sus sobrinos como, Roberto Greenhill Seguel, María Luisa, Hugo y Alfredo Seguel Candia, Juan Manuel Zolezzi Cid, sobrino nieto, ex Rector de la Universidad de Chile.

Don Reynaldo dejó de existir en el Hogar San Francisco de Asís, ubicado a 13 kilómetros de Victoria, en la Ruta 86, que une esta ciudad con Traiguén, producto de su más que Centenaria edad.

LITURGIA

La profesora María Luisa Seguel Candia, fue su verdadero ángel de la guarda, que lo cuidó permanentemente, como se advirtió durante la Liturgia de Funeral, que tuvo lugar en la Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús el martes 05 del actual, a las 11 horas, oficiada por el diácono, Juan Garay Aravena.

En el servicio religioso, sus familiares tomaron parte en las lecturas del día, como en la Primera tomada de San Pablo, a cargo del diácono, René Novoa; y del Salmo 22 “El Señor es mi Pastor”, por su sobrina nieta, Mónica Moreno y el Santo Evangelio según San Lucas, proclamado por Garay Aravena.

Al agradecer a nombre de la familia, la docente María Luisa Seguel, mencionó: ”Qué mejor para el tío, cuando hoy llamado por el Señor, estaba cumpliendo los 103 años de edad; hoy es el día de su cumpleaños y  que mejor regalo para un cristiano, ir al encuentro del Señor, sobre todo para él que era muy creyente; en su vida, siempre estuvo presente el Señor, con su permanente asistencia a la Misa Dominical y donde también  participaba  de las actividades, en el lugar donde él residía”.  

INQUIETUD RELIGIOSA

El extinto no dejo descendencia y cuando joven quiso ser sacerdote, alcanzando estudios con los Jesuitas de Concepción.

Sus restos descansan ahora, en una tumba de la familia en esta ciudad y los asistentes al Campo Santo lo despidieron con palabras de agradecimiento y al son de la canción ”Puedo Confiar en el Señor…que me va a guiar…Puedo confiar en el Señor …no me va a fallar…Si el sol llegara a oscurecer…y no brille más…Yo igual confío en el Señor…No me va a fallar….”.

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