El lado oscuro de la maternidad

Por Karina Spuler, Psicóloga.

Cuando te preparas para ser madre, todo el mundo te da consejos, como “duerme ahora que después no podrás”, “hazle horarios de chico para que no tenga problemas de sueño”, etc. Sin embargo, hay algo que nadie te dice: que la maternidad tiene un lado oscuro, muy oscuro, y cual Darth Vader te puede seducir y llevar a la más absoluta ruina.

¿Cuál es ese lado oscuro? Pues nuestras propias carencias, miedos y debilidades, las cuales aparecen sin previo aviso y, muchas de las veces, ni siquiera sabemos que existen.  Para hacerlo más claro les voy a poner un ejemplo. Un día mientras tu hijo juega con un lápiz de plumón pasa a rayar una pared de su pieza. Rápidamente comienzas una transformación, en un monstruo desconocido, que se abalanza con fuerza y rabia hacia tu hijo, y que, sin pensarlo, lo zamarrea y le quita el lápiz, le grita que eso no se hace y lo castiga por todo el fin de semana. Parece un poco exagerado (o, peor aún, de lo más lógico) pero esta es la realidad que muchas madres viven en los momentos de mayor estrés.

No me malinterpreten, no estoy justificando ni avalando la violencia hacia los niños en ninguna de sus formas, pero ocasionalmente llega un momento en el cual la rabia aparece sin dificultad, en el cual el llanto nos desespera más de la cuenta y en el que cualquier pequeña cosa nos hace estallar. Son nuestras heridas internas que afloran con la maternidad. El ser mamá nos provee de una capacidad gigante para conectarnos con nuestra niña interna, y volver a sentir, a través de ser madre, el cómo necesitaste más cariño, más comprensión con tus llantos, más espacios para explorar, menos límites, etc.

Identificar esas heridas y reconocerlas (e idealmente trabajarlas), te permitirá comprender la situación de otra forma, reaccionando distinto o adelantándote a lo que pudiera pasar.

Por lo tanto, cuando tengas una dificultad con tu hijo/a, permítete no reaccionar inmediatamente, date espacios para reconocer las heridas que emergen y el tiempo suficiente para procesar las emociones asociadas a estas. Al poco tiempo ya no tendrás tanta pena o rabia y podrás volver al espacio con tu hijo y reaccionar desde el amor. Si ya reaccionaste, tranquila, es un proceso que poco a poco va a ir mejorando, perdonándote y pidiendo perdón por las cosas que no pudiste controlar. Es importantísimo para tu hijo saber que eso que dijiste o hiciste no es su culpa ni responsabilidad. No tengas miedo de mostrarte más humana con ellos, el pedir perdón no hará que pierdas la autoridad o el amor de tus hijos, más bien, les permitirá a todos sanar.

Luchar contra la oscuridad no es fácil, pero comprenderla nos da la fuerza para iluminarla, disminuir su poder en nosotras y así liberarnos de sus ataduras.

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