De los ofertones y amenazas de la preelección 2017

Por Juan González Almeida, exalcalde de Victoria.

El año 2016 nos ha sorprendido gratamente en sus últimos meses, gracias a estar en un año preeleccionario, tanto presidencial como parlamentario, lo que ha significado la presencia de connotadas visitas de nivel nacional, que al parecer recién se dan cuenta que existe Victoria, y que tiene una fuerza eleccionaria importante para futuras aspiraciones.

Digo que gratamente, porque la mayoría de ellas han manifestado buenas intenciones y cual Mago de Oz han vislumbrado soluciones ingeniosas, han informado de otras adoptadas por las autoridades nacionales, con cierto grado de adjudicárselas, demostrando al parecer que están claramente informados del diagnostico; que genuinamente han estado preocupados de lo que pasa en nuestra región; que saben que somos los más atrasados; pobres; con la mayor marginalidad rural; con problemas no solo de sequía para la agricultura, sino que con un alto déficit de agua potable de bebida para la población rural, especialmente enquistada en las comunidades mapuche, generando una situación indigna para un país que se dice en vías de desarrollo, perteneciente a la OCDE con estándares bastante superiores para lo que acontece con la gran brecha de desigualdad y falta de oportunidades de la IX Región, con mayor énfasis en Malleco.

Victorienses, es la época de las promesas, de las apariciones que al igual que los cometas, solo aparecen cada cierto tiempo, especialmente en los eleccionarios, es momento de conocer a aquellos que jamás han pisado la Araucanía. De escuchar buenas intenciones, de ver muestras de cansancio en sus rostros fruto de tanto pensar en su futuro próximo y pasar nuevamente por la angustia de ser elegidos “deben” recurrir a la realidad.

Con pesar para ellos deben tomar contacto con la gente para enfrentarse a la acuciante verdad, de saber que no está en su preocupación el bien común, el interés de cada comuna por desarrollarse, sino solo su interés personal.

No obstante ello, están en el legitimo juego de la democracia y como dice un comentarista deportivo en una entrevista periodística, es hasta entretenido ver cómo se desarrolla el escenario político nacional.

Lo antedicho puede ser entretenido, incluso digno de análisis, pero lo que a lo menos es preocupante, son las expresiones de un precandidato presidencial de apellido Kast, que en un prestigioso medio de comunicación local, con letras mayúsculas, vaticina, “Si salgo electo Presidente, una de las primeras medidas seria decretar el Estado de Emergencia en la Araucanía por 15 días”.

Sus expresiones me parecen graves, toda vez que demuestran lo argumentado anteriormente, en el sentido de su desconocimiento de la realidad de la zona, el tener una mirada centralista de santiaguino, alejada de los verdaderos problemas de la región y lo peor está en lo no expresado:

¿Qué medidas concretas tomaría en esos 15 días? Lamentablemente en un momento de la historia, en que TODOS concordamos que la búsqueda de soluciones pasa por acuerdos y consensos de todos los sectores, aparece como una amenaza encubierta de lo ocurrido en la zona del Maipo, en los años 73.

Para mayor entendimiento de lo expresado transcribo la definición de “Estado de Emergencia”: El estado de emergencia o de excepción es uno de los regímenes de excepción que puede dictar el gobierno de un país en situaciones excepcionales.

“Este estado de emergencia se dicta, generalmente, en caso de perturbación de la paz o del orden interno de un Estado, ya sea a consecuencia de catástrofes, brotes de enfermedades contagiosas, graves circunstancias políticas o civiles que afectan e impiden la vida normal de una comunidad, región o país. Durante este llamado régimen de excepción, el gobierno se reserva el poder de restringir o suspender el ejercicio de algunos derechos ciudadanos en virtud de la defensa o seguridad nacional. Los derechos restringidos pueden ser los relativos a la libertad y seguridad personales, la inviolabilidad de domicilio y la libertad de reunión y de tránsito; en los sistemas democráticos, la Constitución prevé un papel del Parlamento en su convocatoria y en su conclusión. Durante ese estado las fuerzas armadas de un país pueden asumir el control de orden interno”.

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