Opinión: Acerca del procesamiento como coautores del delito de homicidio calificado de Pedro Muñoz y Eliseo Jara

Escribe Iván Agüero.

Cada vez que se conocen nuevos antecedentes del fusilamiento de Pedro Marco Alonso Muñoz Apablaza y de Eliseo Segundo Jara Ríos, tanto en vuestro medio como en otros de la zona, en sus familiares, amigos y relaciones se reabren las heridas y se vuelven a agolpar en nuestras mentes los aciagos días en que la muerte, la persecución, la tortura, la sospecha y el miedo, se apoderaron de nuestro querido país.

Sí. Eso no fue ficción y no sólo afectó a las grandes ciudades. Muchos lo vivimos en carne propia en pequeñas ciudades como entonces lo era Victoria, donde se puso a prueba el sueño poético del himno local “nuestra tierra es de amor, son de oro las sementeras, nuestra gente es de valor”, quedando al desnudo que aquello fue desoído por la mayoría de sus habitantes. Unos aplaudieron los crímenes y abusos, otros callaron por temor y muchos más prefirieron ignorarlos.

Gracias al ministro en visita extraordinaria para causas por violaciones a los derechos humanos de la Corte de Apelaciones de Temuco, Don Álvaro Mesa Latorre, quien ha llevado a cabo una acuciosa investigación sin cejar en su empeño por esclarecer la verdad, superando muchos escollos e intentos de personas interesadas por ocultar los hechos y sus autores, como él mismo lo señala, hoy creo, se ha podido establecer, en el caso de Pedro Marco Alonso Muñoz Apablaza (un joven de 21 años de edad y sin militancia política) que fue en la casa particular del civil Jorge Temer San Martín donde se planificó su detención y ejecución el día 27 de Octubre de 1973; que su muerte no se produjo por intentar fugarse de sus captores como lo publicaron en la época; que su asesinato fue instigado por este civil, quien contó para ello con la complicidad y participación activa de un grupo de oficiales llegados de la capital; que su muerte no se produjo por una confusión de su persona con otros jóvenes universitarios de nombres y apellidos similares como se rumoreó durante muchos años; que nunca hubo una lista de “subversivos” traída por la comitiva militar desde la capital, a ser detenidos en Victoria; que dicho civil no sólo acompañó a la patrulla que dirigió el Teniente Germán Jorge Barriga Muñoz en la detención de Pedro Muñoz Apablaza, sino que también participó activamente en su ejecución, vistiendo tenida de camuflaje e indumentaria militar proporcionada por la comitiva y que, para sorpresa de muchos, el ex brigadier Alfredo Parra Uslar, ha sido considerado encubridor de los hechos.

En el caso de Eliseo Segundo Jara Ríos, lo que está claro es que también fue asesinado por sugerencia del civil Sr. Temer y que quien dirigió su fusilamiento fue el capitán Sergio Valenzuela González.

Producto de lo esclarecido por el ministro Álvaro Mesa, tres uniformados y el civil involucrado han sido sometidos a proceso como coautores del delito de homicidio calificado de Pedro Marco Alonso Muñoz Apablaza y de Eliseo Segundo Jara Ríos, mientras que siete militares han sido acusados de ser cómplices del mismo delito y el ex brigadier en calidad de encubridor.

Siendo de suma importancia lo indagado y lo que siga conociendo el ministro Mesa, desde un punto de vista humano, también caben, entre otras y más allá de los hechos, las siguientes preguntas:

¿Qué produjo tan profundo y sostenido odio hacia Pedro Muñoz Apablaza Y Eliseo Jara Ríos y que sólo se aplacaría con la muerte de ambos?

¿Qué movió a los soldados “santiaguinos” a seguir las manipulaciones de un civil, que no sólo instigó los asesinatos, sino que vistió el uniforme militar y tuvo una intervención activa en las ejecuciones de dos personas indefensas?

¿Cómo pudo ese civil vivir hasta hoy, por más de cuarenta años, con las imágenes de dos victorienses fusilados, a los que él mismo acusó e hizo ejecutar, como juez y verdugo, causando de paso un enorme y larvado dolor a sus familiares y amigos, sin mostrar asomo alguno de arrepentimiento ni una mínima empatía con los sufrientes?

¿Qué puede explicar que un hijo de un distinguido comerciante local, quien fuera Diputado de la República por el partido político que llevó adelante la reforma agraria, pudiese urdir el macabro plan que tuvo como fin la ejecución por fusilamiento de un joven, hijo de un camarada de su padre y de un adulto el año 1973 y para lo cual no trepidó en azuzar a los militares procedentes de la capital?

¿Será el señor Témer el único civil involucrado en los homicidios calificados de Pedro Muñoz y de Eliseo Jara?

¿Cómo pudo un oficial hacer una tan larga carrera hasta ser un brigadier de ejército, llevando en su conciencia el encubrimiento del asesinato de dos civiles cuyo único “delito” era pensar diferente y más aún, sostenido una larga amistad con quien fue en la práctica el segundo padre de Pedro Muñoz, una de las víctimas de asesinato, premeditado y con alevosía?

A modo de cierre, me atrevo una vez más a expresar mi profunda gratitud y la de mi familia, por el trabajo y valentía del ministro Señor ALVARO MESA LATORRE (sí, con letras mayúsculas) y los sinceros deseos que se logren despejar algunas de las preguntas señaladas y otras que irán apareciendo hasta conocer toda la verdad, se haga justicia, los responsables sean castigados previa cautela del debido proceso y cumplan sus penas en la cárcel. Nada más ni nada menos, para que nunca más en Chile se vuelvan a repetir tales atrocidades.

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